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Entrevista a Luciano Di Cesare: “Las corporaciones vienen por la restauración de sus privilegios”.

El líder de la Güemes hace un balance de los primeros 6 meses de la Corriente y analiza la coyuntura política.


La Guemes se constituyó hace 6 meses, ¿Cuál es su balance de lo hecho hasta ahora?
Estamos muy felices porque en muy poco tiempo hemos logrado tener una implantación territorial realmente muy importante. En 6 meses conseguimos tener representación en 20 provincias y más de 50 distritos de la provincia de Buenos Aires. En el campo popular había, y en buena medida sigue habiendo, un gran nivel de fragmentación, y para muchos cuadros y agrupaciones kirchneristas La Guemes representa un espacio de cohesión. 

¿Qué lugar ocupa La Guemes dentro de la constelación de agrupaciones kirchneristas, qué la diferencia de otros espacios?
Nosotros tenemos un gran respeto por todas las agrupaciones del espacio kirchnerista. En todas hay compañeros muy valiosos. No confrontamos con ellos porque no es nuestro estilo y porque, hoy más que nunca, creemos que es tiempo de multiplicar y no de dividir. Por eso, nuestro espíritu es ser un espacio de reunión y cohesión del movimiento nacional y popular. Nosotros nos posicionamos como una red de agrupaciones políticas, movimientos sociales, centros de estudio y organizaciones de la sociedad civil que se sienten convocados por este gobierno pero que hasta ahora no encontraban un espacio más amplio de debate, una estructura más grande que los contenga y los potencie. Y creo que ahí está la clave de nuestra construcción: en potenciar a los líderes locales. No nos interesa armar una gran estructura para posicionar a uno o dos compañeros a nivel nacional, no queremos que todos trabajen para que uno o dos que están arriba “cobren” algún cargo. Al contrario, nuestro compromiso es poner todo nuestro esfuerzo para fortalecer a los líderes territoriales locales, porque para nosotros lo más importante es la construcción territorial. Hemos generado un espacio horizontal y solidario en el que todos los compañeros nos potenciemos para que florezcan liderazgos locales en todo el país.

¿Cuál es su evaluación de la coyuntura política?
Estamos en un momento muy bueno, todos los números lo indican. En un contexto de crisis mundial, el país este año crecerá alrededor de un 6%, con mucha obra pública y generación de empleo, y la asignación universal por hijo, que para mí es la medida social más importante de los últimos 60 años, ya incluyó en el circuito económico, social y educativo a casi 4 millones de personas. Es decir que, por un lado, hay datos como para ser optimista, y hasta creo que es necesario el optimismo, porque como decía Jauretche, las luchas que se ganan son las que se encaran con optimismo y alegría. Pero, por otra parte, creo  que estamos en un momento muy delicado, porque hay sectores muy poderosos atacando fuertemente este proceso. Las corporaciones cuyos intereses fueron afectados estos últimos años vienen por la restauración de sus privilegios. Entonces, tenemos que estar muy firmes y muy organizados para defender lo que hemos conseguido.

¿Quiere decir que este proceso político todavía está en disputa?
Sí, pero no se trata de la suerte de un gobierno en particular. En realidad, lo que está en juego en este momento es qué Argentina tendremos: si la de las corporaciones que actúan de acuerdo a su exclusivo interés y sólo buscan maximizar su ganancia en detrimento de las mayorías; o la Argentina para todos, profundamente inclusiva y profundamente solidaria que soñaron San Martín, Belgrano y Güemes; una patria guiada por los principios irrenunciables de libertad, democracia y justicia social. Hoy la lucha es entre la política y las corporaciones.

¿Y dónde queda la oposición en ese esquema?
Del lado de las corporaciones, claramente. Los vemos todos los días. Ningún sector de la oposición tiene una propuesta política propia alternativa a la del gobierno. No tienen un proyecto propio, se conforman con ser el furgón de cola de los grandes grupos mediáticos y empresariales. Lo lamentable es que no perciben que el primer efecto de sus acciones es la degradación de la política como herramienta de transformación y que, por lo tanto, su victoria los dejaría completamente a merced de las corporaciones. Insisto, lo que está en juego en este momento no es el éxito de un gobierno, sino la autonomía del Estado argentino para tomar decisiones soberanas sin el aval de grupos concentrados de poder que nadie votó y cuyos intereses son ajenos a la voluntad popular. 

Usted siempre se define como un gran predicador, y en los últimos tiempos cada vez más dirigentes, empezando por el propio Kirchner, dicen que hacen falta predicadores. ¿Qué significa eso exactamente?
Históricamente, la cultura política peronista valora más a los realizadores que a los predicadores, pero creo que en este momento hay que revalorizar el rol de los predicadores, porque la primera obligación de toda construcción política popular es ser una opción de mayorías. Y para eso hoy es necesario predicar y convencer a los que no están convencidos. Por supuesto que las dos cosas van de la mano, porque si no hubiera grandes realizaciones atrás, no tendríamos nada que predicar, pero hoy la tarea central de la militancia pasa por dar el debate de ideas para acercar a todos los que se sienten interpelados por muchas medidas de este gobierno pero no terminan de convencerse. En nuestros lugares de trabajo, en nuestros barrios, casa por casa, vecino por vecino, tenemos que consolidar este proyecto con nuestra palabra. Esa es la única forma de contrarrestar el bombardeo mediático cotidiano en contra del gobierno al que está sometido el ciudadano común y seguir sumando voluntades.

¿Y cuáles deberían ser los ejes de ese debate?
La clave pasa por dar forma a un relato que consolide la memoria política de los últimos diez años. Establecer un hilo conductor de nuestra historia reciente que recuerde cómo estábamos en 2001 y 2002, cuando muchos padres no sabían si iban a poder seguir mandando a sus hijos a la escuela, cuando la mitad de la población estaba por debajo de la línea de pobreza, y cotejar aquella Argentina con la que tenemos hoy, con un Estado fuerte y autónomo, con 4 millones y medio de nuevos puestos de trabajo, con la asignación universal que garantiza que todos nuestros chicos coman y vayan a la escuela, con una fuerte política de inclusión de adultos mayores que generó casi 2 millones y medio de nuevos jubilados y 18 aumentos jubilatorios que hacen que hoy la Argentina destine el 10% de su PBI a la seguridad social.

Hoy tenemos la certeza de vivir en un país mejor que aquél. Pero, fundamentalmente, tenemos la esperanza de construir un país aún mejor en el futuro. Y hay que defender esa esperanza. Por eso, cuanto más fuerte sea el ataque de las corporaciones, más firme tiene que ser el compromiso para salir a la calle a decirles que no vamos a dejar que nos roben  nuestro futuro.

 

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