La AUH

Una persona que no recibe ning煤n ingreso se encuentra en una situaci贸n angustiante. En ese estado, si los precios suben o bajan, o si el alquiler mensual de la habitaci贸n donde vive ajusta o no la tarifa le resulta indiferente. Si no tiene nada, esas variaciones que inquietan al resto no provocan ning煤n cambio en su situaci贸n. Esa misma persona pasa a estar en otras condiciones cuando empieza a percibir una suma fija de dinero cada mes como parte de una pol铆tica p煤blica para atender a sectores postergados.

Ese monto, que antes no lo contabilizaba en su bolsillo, le permite ahora comprar bienes, en especial alimentos, adem谩s del inmenso alivio de tener certidumbre sobre ingresos futuros. A partir de ese momento, los movimientos en los precios empiezan a afectarlo, aunque en una dimensi贸n que no lo induce a concluir que se encuentra en la misma situaci贸n miserable anterior. Sabe que pese al alza de ciertos precios sigue estando en una posici贸n much铆simo mejor recibiendo esa suma de dinero que estar con las manos vac铆as. Este sentido com煤n tan b谩sico est谩 siendo violentado por especialistas que concentran cr铆ticas desmesuradas en la Asignaci贸n Universal por Hijo, la medida de protecci贸n y de reconocimiento de derecho social m谩s importante desde los dispuestos en los dos primeros gobiernos peronistas. Las observaciones negativas refieren a la p茅rdida del poder adquisitivo debido a los ajustes en alimentos y bebidas. Incluso algunos expertos del establishment plantean que 鈥渓a inflaci贸n neutralizar谩 el impacto de la AUH en la pobreza鈥. Semejante desprecio por la poblaci贸n que tiene poco y nada, desd茅n que se manifiesta en la sentencia desde un supuesto saber t茅cnico de que ese dinero no sirve porque se lo come la inflaci贸n, es una particularidad de este momento de tensi贸n pol铆tica medi谩tica. Se puede suponer que si no existiera esa batalla en el espacio p煤blico, ser铆a probable aunque no seguro que esos expertos en temas laborales y sociales fueran m谩s prudentes en sus afirmaciones.

La necesidad de fijar un criterio autom谩tico de actualizaci贸n de la AUH est谩 pendiente, para igualarla con lo que sucede con las jubilaciones, y tambi茅n con el resto de las asignaciones familiares que se definen en negociaciones entre las organizaciones sindicales y el Estado. Esa carencia en la reglamentaci贸n, sin embargo, no significa que los grupos sociales que reciben la AUH est茅n padeciendo la inflaci贸n como la entienden los sectores con ingresos fijos o con flujo variable pero permanente de recursos. Cuando esos cronistas sociales de oficina apuntan a la p茅rdida del poder de compra por la evidente erosi贸n que provoca el alza de precios en alimentos y bebidas, en realidad est谩n cuestionando la expansi贸n del gasto p煤blico que incentiva la demanda, como la AUH. Ese mayor gasto lo se帽alan como uno de los principales motores de la inflaci贸n. Esto deriva en la conclusi贸n de que la inflaci贸n es regresiva y, por lo tanto, la recomendaci贸n impl铆cita de esos especialistas es que antes de instrumentar medidas de protecci贸n social el Gobierno deber铆a ocuparse de los precios, que es un tema m谩s relevante para los desamparados.

La cuesti贸n que no consideran por anteojeras ideol贸gicas es que la obvia regresividad de la inflaci贸n se verifica en los grupos sociales con ingresos que ya arrastraban. En el supuesto caso de que esa expansi贸n del gasto sea el motivo de la suba de precios, aspecto que merecer铆a una evaluaci贸n m谩s rigurosa que la que ofrece la ortodoxia, esa pol铆tica fiscal para las personas que reciben ese dinero, en cambio, le resulta progresiva. Uno de los j贸venes economistas que participan en el blog Homo Economicus provoca con el siguiente interrogante: 鈥溌緾贸mo queda el poder adquisitivo de estos sectores luego de la expansi贸n del gasto?鈥. Para luego sentenciar: 鈥淟a respuesta es bastante trivial. Si le doy poder adquisitivo a alguien que no lo ten铆a, por m谩s que ese poder adquisitivo se deteriore en el tiempo, estoy 鈥榓ument谩ndolo鈥 en relaci贸n al momento inicial (donde era 鈥榗ero鈥)鈥. En esa misma l铆nea, el autor de ese post decide interpelar a煤n m谩s al saber convencional y plantea que 鈥渆ntonces, pareciera que el impuesto inflacionario tuviera poco de regresivo, y m谩s bien mucho de progresivo鈥.

La AUH es un extraordinario avance en el reconocimiento de derechos, siendo los ni帽os y j贸venes los sujetos involucrados, cuyo impacto en 谩reas sensibles de las familias con carencias materiales todav铆a no ha adquirido la relevancia que se merece en la consideraci贸n del espacio p煤blico. Incluso figuras pol铆ticas que durante a帽os batallaron por universalizar una asignaci贸n por hijo se dedican a cuestionarla en aspectos interesantes para investigaciones acad茅micas para presentar ante el Banco Mundial, pero que se ubican en el margen de un plan de semejante magnitud. Esto no significa que haya que avanzar en el mejoramiento del programa en cuanto a su profundidad, que ya es mucha. Ahora se est谩 transitando la necesaria etapa de consolidarlo en un per铆odo donde la avanzada conservadora se presenta sin pudor con las banderas de la ortodoxia. Hoy discutir cuestiones de los m谩rgenes del programa, como si fueran centrales, s贸lo colabora a la distorsi贸n de la comprensi贸n del plan social m谩s ambicioso en d茅cadas y m谩s profundo en la regi贸n.

En Brasil, Per煤, Chile y M茅xico existen planes sociales de envergadura para atender a los grupos sociales vulnerables. Todos ellos son muy importantes, como el elogiado Bolsa Familia de Lula da Silva, que afianz贸 a煤n m谩s la identificaci贸n de los pobres con el l铆der brasile帽o. Pero ninguno es tan ambicioso en materia de cobertura y monto de las transferencias. En un informe especial publicado en Cash, suplemento econ贸mico de este diario, el domingo 21 de marzo pasado, el periodista Tom谩s Lukin adelant贸 la investigaci贸n de los economistas Demian Panigo, Emmanuel Agis y Carlos Ca帽ete Asignaci贸n Universal por Hijo: resultados preliminares. En ese documento de trabajo se presenta un cuadro comparativo esclarecedor sobre el alcance de la AUH en relaci贸n con los planes existentes en esos otros cuatro pa铆ses. En todos existen condicionalidades para recibir el dinero (salud y educaci贸n), el sujeto alcanzado son los hijos de las familias pobres hasta los 18 a帽os, con excepci贸n de Per煤, que es hasta los 15. Las diferencias aparecen en cuanto al alcance de la poblaci贸n, al monto del presupuesto en relaci贸n con el Producto y con la suma mensual de la asignaci贸n. El dinero destinado en el plan argentino equivale al 0,58 por ciento del PIB, mientras que en Brasil es de 0,39; en M茅xico, 0,31; en Per煤, 0,20; y en Chile, 0,10 por ciento. Para que la comparaci贸n del dinero entregado sea homog茅nea, esa troika de economistas convirti贸 a d贸lares las respectivas asignaciones totales que reciben la familia: la AUH en Argentina equivale en promedio a unos 94 d贸lares, mientras que en M茅xico es de 55; en Per煤, 50; en Brasil, 43; y en Chile, 38 d贸lares. Como las monedas dom茅sticas est谩n apreciadas en relaci贸n con el d贸lar, lo opuesto a lo que se verifica en Argentina pese a las presiones del frente devaluador, la brecha entre esas sumas es todav铆a m谩s sustancial a favor de la AUH.

Se presentan desaf铆os futuros, que no son equivalentes a problemas, como los que se presentan ante carencias de pupitres y aulas por la explosi贸n de la matr铆cula escolar ante la exigencia de mandar a los ni帽os a la escuela para recibir la asignaci贸n plena. Esa notable respuesta educativa abre un interesante debate acerca de la imposici贸n de una contraprestaci贸n (escolarizar y seguimiento del plan de vacunaci贸n a los ni帽os) para recibir un plan social. A veces la teor铆a, que se presenta m谩s justa y equilibrada en los papeles, se enfrenta a hechos concretos que la relativizan.