La exposici贸n p煤blica de Felipe y Marcela Noble Herrera motiv贸 estas reflexiones de la polit贸loga y dramaturga Mariana Eva P茅rez, quien encontr贸 a su hermano desaparecido en el 2000, despu茅s de m谩s de 20 a帽os de b煤squeda.
鈥淪omos Marcela y Felipe Noble Herrera.鈥 As铆 comienza el video. Es Felipe el que habla, mejor dicho, el que lee el teleprompter. El graph sobreimprime: 鈥淗ermanos Noble Herrera鈥. Queda claro desde el vamos que repetir谩n lo que dice la solicitada firmada (ahora s铆) por ellos, luego de que la C谩mara de Casaci贸n negara un recurso para impedir los an谩lisis gen茅ticos porque no llevaba sus firmas, sino la de los defensores de Ernestina Herrera de Noble. Negarse en nombre de las v铆ctimas, 驴fue una burrada de los abogados, un exceso de impunidad propio de los omnipotentes o un artilugio defensivo que no contaba con la aprobaci贸n de los supuestos representados? Para despejar toda duda al respecto, qu茅 mejor que hacerles comprometer el nombre y el cuerpo a Marcela y a Felipe, que por fin 鈥渞ompan el silencio鈥, como se dice en la jerga period铆stica. Eso habr谩n pensado los muchos y muy caros abogados y publicistas que asesoran a la due帽a del multimedios Clar铆n. Porque hablamos de ella, de una de las personas m谩s poderosas de este pa铆s, y no de cualquier 鈥渕am谩鈥, como le hacen decir a Felipe y s贸lo a 茅l, con su dicci贸n infantil, ni tampoco de la simple directora de un diario, como tambi茅n le hacen decir.
Les hacen decir, s铆, porque en esta filmaci贸n, ni Marcela ni Felipe dicen nada. Es m谩s, no hay 鈥淢arcela鈥 y 鈥淔elipe鈥, sino 鈥淢arcelayfelipe鈥, una 煤nica entidad, homog茅nea, indiferenciada, los 鈥淗ermanos Noble Herrera鈥 que proclama el graph.
Por m谩s que la factura urgente y desprolija del video quiera sugerir espontaneidad, la puesta en escena es evidente. Por m谩s que esa evidencia se exponga (en dos momentos una segunda c谩mara los muestra hablando a la primera), el procedimiento no alcanza para producir la ilusi贸n de que Felipe y Marcela, por propia decisi贸n, en una casa y con la ayuda de un par de amigos, filmaron esta declaraci贸n, redactada antes por ellos mismos.
Clar铆n, dig谩moslo una vez m谩s, es un multimedios. Esta gente sabe hacer televisi贸n. Si la c谩mara amaga ir a Felipe pero se detiene y se queda con Marcela, si nos muestra a Felipe con cara extraviada, sin texto, en un plano fugaz, si permite la camisa desarreglada de Marcela, nada de esto puede ser por impericia. Hab铆a que camuflar al mutimedios detr谩s de la operaci贸n y borrar todo indicio de poder y riqueza. Por eso ese living beige berreta, por eso Marcela a cara casi lavada, con vestuario de se帽ora y aros de fantas铆a.
Marcela y Felipe se alternan en la lectura, pero el discurso es uno solo. Su fragmentaci贸n responde a la necesidad de hacer m谩s din谩mico el formato del testimonio a c谩mara (un plomo) y, m谩s importante, de comprometerlos a los dos por igual, de mostrarlos unidos en la defensa de Ernestina Herrera de Noble, de acallar el rumor que circula de que Felipe quiere saber.
El video muestra en cambio a Felipe sin dudas, aunque su hablar trabajoso recuerde a los mellizos Reggiardo Tolosa en su raid televisivo de 1994, aunque siga con dificultad el teleprompter, aunque el director haya decidido dejar ese instante en el que se queda sin texto. A Marcela le toca hablar m谩s. Lee pausado y claro, con intenci贸n en algunos tramos con los que parece identificarse m谩s, en otros con la mirada fija y el tono de vaga indignaci贸n que emplean Mar铆a Laura Santill谩n o Lorena Maciel cuando dan las noticias del caso.
No interesa demasiado qu茅 dicen, qu茅 les hacen decir. Es un discurso que ya conocemos. Lo interesante es preguntarnos qu茅 se busca al poner este discurso en boca de Marcela y de Felipe. Qu茅 se busca al poner sobre la mesa, como 煤ltima carta, la materialidad de sus cuerpos. 驴Qu茅 se juega en los cuerpos de los ni帽os desaparecidos de ayer, de los hombres y mujeres de hoy que se resisten a conocer la verdad sobre s铆 mismos, de aquellos otros que s铆 se atreven? 驴Qu茅 se juega ah铆 para la sociedad? 驴Por qu茅 un multimedios puede pensar en utilizarlos como 煤ltimo recurso? No es morbo lo que nos lleva a querer conocerlos, escucharlos, entenderlos. Ah铆, en sus cuerpos, reside una violencia que los excede y que nos toca a todos. Por eso la palabra 鈥渁propiaci贸n鈥 ya no alcanza, hay que inventar nuevos conceptos para dar cuenta de la dimensi贸n social del crimen cometido. Por eso hablar de 鈥渋ntimidad鈥 tampoco es suficiente. Habr谩 que pensar en una nueva forma de lo 铆ntimo tan profundamente atravesado por un crimen contra todo el cuerpo social. Hay algo obsceno en la exposici贸n p煤blica de Felipe y de Marcela, pero no est谩 en nuestra mirada. No asistimos a la lectura de esa declaraci贸n como voyeurs. Tenemos, todos, un inter茅s leg铆timo en la verdad sobre la identidad de Marcela, de Felipe, de todos los ni帽os desaparecidos. No podemos dejar de mirarlos, adem谩s, porque en la materialidad de sus cuerpos se aloja la prueba del delito y la posibilidad de repararlo siquiera parcialmente.
Pero si antes no sab铆amos qu茅 posici贸n tomaban realmente Marcela y Felipe, ahora tampoco. Habr谩 que prestar atenci贸n entonces no a lo que dicen (lo que leen), sino a los agujeros en el discurso, a los cambios de tono, a la mirada fr铆a de Marcela y a la mirada perdida de Felipe, para seguir aferr谩ndonos a la esperanza de que tanto horror no es posible, no es verdad. A Marcela se le patina la palabra 鈥渄esaparecidos鈥 las dos veces que le toca pronunciarla, como si quisiera pasarla de largo. Felipe corta las frases en cualquier parte. Marcela lee con convicci贸n, con hartazgo: 鈥淣o queremos sufrir m谩s, no queremos que nos lastimen m谩s鈥, y le creemos. 鈥淪omos dos personas adultas e independientes que tomamos nuestras propias decisiones鈥, lee Felipe, zezeando, y el coraz贸n se nos comprime y nos sentimos de m谩s frente a la pantalla, no queremos mirarlo, no tenemos por qu茅 ver el espect谩culo de ese hombre que habla como un ni帽o, defendiendo a la persona que le hizo eso. Hay algo obsceno en esta puesta en escena, algo que no est谩 en nuestra necesidad de que estos cuerpos se hagan presentes, pero las palabras de las que disponemos no me alcanzan m谩s que para rodearlo.
Por聽Mariana Eva Perez (Pagina 12)