Los sistemas de seguridad social de reparto, como el argentino, se basan en un precepto simple: la solidaridad intergeneracional entre trabajadores. Aquellos que est谩n en actividad mantienen con sus aportes a los que se encuentran retirados. Sin embargo, estos sistemas se encuentran amenazados por dos fen贸menos.
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Por Ariel Lieutier, economista
El primero, esta asociado al mercado laboral. La persistencia de la alta desocupaci贸n y el empleo precario en cualquier sociedad deriva en el desfinanciamiento del sistema; puesto que los recursos que ingresan no son suficientes para hacer frente a los gastos demandados por el pago de las jubilaciones. La problem谩tica de la desocupaci贸n puede ser relativamente temporal y, ante cambios en los modelos de crecimiento y desarrollo econ贸mico, puede revertirse 鈥揷omo sucedi贸 en la Argentina post-2001.
El segundo es permanente e inapelable: el envejecimiento poblacional. Es sabido que la esperanza de vida viene experimentado un sostenido crecimiento gracias a los avances en la medicina, la mejora en la calidad de vida, el acceso al sistema de salud y al agua potable 鈥揺ntre muchos otros factores鈥. Este fen贸meno provoca un aumento del tiempo durante el cual una persona percibe haberes estando retirada. A su vez, este proceso ha sido acompa帽ado con una reducci贸n en la tasa de natalidad. En todo el mundo, pero sobre todo en los pa铆ses desarrollados, cada vez hay mayor cantidad de ancianos y menos j贸venes que aporten al sistema. 脡sta es una tendencia propendr谩 al agravamiento en las pr贸ximas d茅cadas. Por ejemplo, a principios del siglo XXI, Espa帽a tuvo que salvar la sustentabilidad de su seguridad social con la legalizaci贸n de los inmigrantes sin papeles y convertirlos en aportantes del sistema. Aquellas migraciones (tantas veces perseguidas, discriminadas y estigmatizadas) vinieron a solucionar la baja tasa de natalidad.
Una sociedad envejecida es s铆ntoma de su grado de desarrollo. Pero como contraparte m谩s expuesto se encuentra su sistema de seguridad social.
C贸mo financiar la seguridad social 鈥揺 incluso si hay que financiarla鈥 es un debate que se viene dando desde hace a帽os en el mundo, pero sobre todo en Europa, y ha tomado mayor impulso a partir de la crisis econ贸mica mundial que est谩 golpeando al viejo continente.
En nuestro pa铆s, desde el 2003 hasta la actualidad los jubilados y pensionados han pasado de 3 millones a 5,5 millones; sin embargo, la explicaci贸n de este crecimiento no hay que buscarlo en el envejecimiento poblacional, sino en las distintas pol铆ticas de inclusi贸n que volvieron a dar cobertura social a los que hab铆an quedado excluidos en los noventa. Ante este crecimiento, la sostenibilidad del sistema de seguridad social fue posible por la gran capacidad de creaci贸n de empleo registrado que tuvo el modelo econ贸mico. Lo que implic贸 un aumento de 5 millones a 8,4 millones de aportantes al sistema. A pesar de ello, la cantidad de contribuyentes activos por jubilado se redujo de 2,15 en el 2003 a 1,52 en diciembre de 2009, y del total de recursos de la Anses, poco menos del 60% proviene de aportes de los trabajadores activos, el resto tiene su origen en recursos tributarios y contribuciones figurativas.
Puede observarse, entonces, que la gesti贸n de la seguridad social es compleja y delicada, y c贸mo financiar el sistema es una discusi贸n que a煤n esta pendiente.
Llevar las jubilaciones al 82% del salario m铆nino, vital y m贸vil ser铆a un acto de justicia, adem谩s de una buena medida econ贸mica y distributiva. Sin embargo, medidas como 茅stas no pueden ser planteadas escindidas de los recursos que las sustentar铆an.
Lamentablemente, declaraciones como las de Gerardo Morales que referencian a la Anses como una 鈥渃ajita feliz鈥 o el proyecto de Giustiniani de quitarle recursos a esa entidad o las intenciones de algunos legisladores de financiar el aumento con los recursos del Fondo de Garant铆a del Anses, bastardean la discusi贸n y no contribuyen a darle densidad a un debate que debe ser serio y cuidadoso. Debate que los jubilados necesitan con urgencia.