Ganarle al miedo en buena ley

Hablemos de los hechos, para desafiar una regla dominante en la comunicaci贸n cotidiana. Las acciones de Papel Prensa se vendieron en los primeros meses de la dictadura militar, en el tramo m谩s brutal (a la vez fundacional) del terrorismo de Estado y de la violaci贸n de las garant铆as constitucionales, empezando por la divisi贸n de poderes. La due帽a de las acciones transferidas, Lidia Papaleo de Graiver, jam谩s se junt贸 con el precio. Todos los adultos integrantes de la familia Graiver fueron secuestrados y torturados.

Durante d茅cadas, Papel Prensa control贸 el mercado con pr谩cticas monop贸licas. El Estado nacional fue un socio bobo, mudo y sumiso ante un poder f谩ctico superior al de sucesivos gobiernos, dictatoriales o democr谩ticos.

El actual Ejecutivo, a partir de conflictos coyunturales, tom贸 la valiosa decisi贸n pol铆tica estrat茅gica de limitar el poder del Grupo Clar铆n. Entre otras movidas, se implic贸 activamente en la empresa, sacudiendo la modorra estatal, haciendo valer cuanto pudo su posici贸n minoritaria. En el trayecto, investig贸 el origen de la compra de las acciones. Produjo un material contundente, presentado ayer en la Casa de Gobierno.

La documentaci贸n fue buscada con denuedo. Parte del material es conspicuo y fue denunciando en numerosas oportunidades en diarios, libros y revistas. Una porci贸n m谩s peque帽a estaba sustra铆da al conocimiento ciudadano, camuflada en expedientes con telara帽as, perdida en archivos olvidados.

La presidenta Cristina Fern谩ndez de Kirchner pronunci贸 ayer un discurso memorable. Uno de los m谩s redondos de su mandato, si no el mejor. Rememor贸 el modo en que pas贸 de mano Papel Prensa y su trayectoria posterior en el mercado. Dio cuenta de haber le铆do y elaborado el informe. Lo divulg贸 en una exposici贸n larga (como ella misma reconoci贸 al final) y rigurosa.

Pero las palabras, ya se sabe, van y vienen. Lo m谩s notable no fue la ret贸rica sino, otra vez, la decisi贸n pol铆tica: darle un cauce institucional al informe. Ser谩n los otros poderes del Estado los que resuelvan qu茅 hacer respecto del pasado y del futuro. Los tribunales comerciales deber谩n dirimir la validez o nulidad de la venta. Los penales, sentenciar si hubo violaciones de derechos humanos en el contexto de la supuesta negociaci贸n celebrada entre 1976 y 1977.

El Congreso deber谩 analizar un proyecto de ley (cuyo texto no se conoce a煤n) declarando de inter茅s p煤blico la producci贸n de papel para diarios y formando una comisi贸n bicameral para el seguimiento de esa actividad.

El procurador del Tesoro, Joaqu铆n Da Rocha, y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, tendr谩n a su cargo la peliaguda misi贸n de preparar la v铆a judicial. Seguramente, el secretario de Legal y T茅cnica, Carlos Zannini, ya est谩 redactando el proyecto de ley que la Presidenta revisar谩 con obsesividad de parlamentaria.

Los hechos quedan tambi茅n sometidos a la opini贸n p煤blica tras a帽os de silencios, omisiones o imposiciones.

El dialecto period铆stico-pol铆tico opositor se ingeniar谩 para calificar ese recorrido como 鈥渁utoritario鈥, 鈥渁rbitrario鈥, 鈥渢otalitario鈥. O se valdr谩 de un sustantivo-adjetivo berreta caro a su imaginario: 鈥渃havista鈥. Para el pensamiento hegem贸nico de derecha, el chavismo no es un r茅gimen popular, plebiscitado muchas veces en elecciones limpias, con desempe帽os discutidos en materia de libertades p煤blicas. 鈥淐havismo鈥 es, charramente, sin贸nimo de dictadura bananera.

Sin embargo, lo que hizo el gobierno nacional es legal, democr谩tico y republicano. Investig贸, honr贸 sus deberes de socio-accionista, produjo un informe que se abre al debate ciudadano, lo canalizar谩 institucionalmente. Vale la pena se帽alar el detalle, pasando la pelota a dos poderes donde (en la actual coyuntura) las corporaciones juegan de local o al menos en condiciones muy favorables. Lejos de la discrecionalidad o del decreto de necesidad y urgencia, se interpel贸 a los estamentos democr谩ticos y a la ciudadan铆a.

A eso, en jerga dominante, se rotula como 鈥渃havismo鈥 o se describe como 鈥渁taques a la prensa鈥.

Frente a otras etapas hist贸ricas, hay mayor transigencia, seg煤n se ver谩.

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Los diarios Clar铆n y La Naci贸n vienen publicando en t谩ndem desde el conflicto de las retenciones agropecuarias. Socios en Papel Prensa y en Expoagro, sus tradicionales diferencias editoriales se fueron licuando en el mandato de Fern谩ndez de Kirchner. A veces, desdoblan tareas, como cuando La Naci贸n inform贸 la reuni贸n entre H茅ctor Magnetto y cinco referentes del espacio peronista federal-PRO, que Clar铆n guard贸 y sigue guardando en reserva. En otras, se pronuncian juntos. As铆 fue en las ediciones de ayer, buscando lo que en f煤tbol se llama 鈥渁nticipo ofensivo鈥 al anuncio. Optaron por una suerte de editorial conjunto, titulado 鈥淯na historia inventada para apoderarse de Papel Prensa鈥. Como se supo a la tardecita, el apoderamiento no existi贸, en el a帽o 2010 al menos. Y la historia, infaustamente, es real.

El material se recomienda, porque no tiene desperdicio. El cronista s贸lo pondr谩 de resalto el modo en que se narra un acuerdo comercial millonario, en el que tuvo un rol central el Estado terrorista.

Papaleo de Graiver era la viuda reciente de un empresario jud铆o (un arquetipo de las personas odiadas por los represores) muerto en un dudoso y oportuno accidente a茅reo. La viuda estaba fuera del pa铆s, desoy贸 consejos sensatos y volvi贸. Discuti贸, en el fragoroso a帽o 1976, con empresarios 谩vidos, que contaban con el apoyo del r茅gimen. Los grandes medios pretenden que las tratativas realizadas en ese entorno funcionaron en un mercado perfecto que hubiera hecho las delicias de Adam Smith. Su relato, es de lamentar, concuerda con el mito divulgado por la propia dictadura: exist铆a una sociedad civil normal, con libertades garantizadas, aunque algunas 鈥減atotas鈥 hac铆an abuso de la violencia. Esa falacia, claro est谩, se desbarat贸 en pocos meses. Nadie puede, honestamente, creer que una negociaci贸n referida a bienes estrat茅gicos se sustanciaba en un clima de negocios decoroso, impermeable al totalitarismo imperante.

Los editoriales aducen que Papaleo de Graiver consensu贸. No hay tal, nuestro sistema legal exige para que haya contrato que las dos partes tengan 鈥渄iscernimiento, intenci贸n y libertad鈥. Los vocablos, en jerga forense, tienen significado bastante similar al del lenguaje com煤n. La desdichada Lidia carec铆a de libertad e intenci贸n plenas cuando firm贸 la transferencia. Despu茅s, la pas贸 peor.

Nunca se perfeccion贸 un elemento sustancial de un contrato: el pago. La due帽a recibi贸 una fracci贸n vil del precio, menos del uno por mil (siete mil d贸lares sobre casi un mill贸n), el resto no le lleg贸 nunca. Un juez deb铆a aprobar el pacto, que involucraba derechos de la hija de Graiver y Lidia Papaleo, jam谩s lo hizo. Su Se帽or铆a se neg贸 porque estaba en desacuerdo con el negocio leonino, los grandes medios consignan p煤dicamente que 鈥渘unca se expidi贸鈥.

Por lo tanto, el contrato no termin贸 de concretarse. Exist铆a lo que podr铆a llamarse 鈥渢racto sucesivo鈥, la negociaci贸n continuaba, en Tribunales. Cuando se secuestr贸 a la due帽a, priv谩ndola no ya de su libertad, sino de todos sus derechos humanos, las tratativas estaban abiertas.

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鈥淔ue una operaci贸n legal y p煤blica, anunciada por todos los diarios de la 茅poca鈥, resume el editorial a dos manos. O sea, contra toda prueba y contra sus propios alegatos cuando se justifican por haber escamoteado data sobre 30.000 desaparecidos, alegan que en ese tiempo los diarios informaban la verdad, toda la verdad y nada m谩s que la verdad.

Inventan una burbuja temporal: suponen que Papaleo de Graiver estaba en un mundo feliz cuando firm贸 y que luego, por hechos ulteriores, fue chupada. Las palabras tienen su peso tremendo, m谩xime cuando las redactan grandes editorialistas de diarios importantes. Cuentan que la mujer fue detenida por 鈥渋mputaciones ajenas a ese tema鈥. 鈥淚mputaci贸n鈥 alude a intervenci贸n de jueces o fiscales no a represores sin ley. Y es dif铆cil saber, a煤n para quienes fueron sus confidentes medi谩ticos, cu谩les eran los motivos de los secuestros.

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Los titulares de los propios diarios en esos tiempos, sus solicitadas, los brindis de sus propietarios con el represor Jorge Rafael Videla corroboran que el gobierno fue un jugador central en el traspaso. Lo reconocieron y celebraron, con todas las letras, en sus ejemplares de mayo de 1976 cuando esas amistades val铆an poder.

El editorial de ayer consigna que 鈥淧apel Prensa fue una empresa perseguida por Emilio Massera鈥. Un modo did谩ctico sobre c贸mo se distorsionan hechos cont谩ndolos a medias. Massera, como en tantos otros temas comerciales y pol铆ticos, pulseaba contra Videla. Este era el puntal de Clar铆n, La Naci贸n y La Raz贸n, unidos en una empresa llamada Fapel. Mar铆a Seoane y Vicente Muleiro lo cuentan con detalle en su libro El Dictador. En la p谩gina 270 de la edici贸n de 2001 explican que 鈥渓a discusi贸n sobre a qui茅n ofrecerle Papel Prensa produjo un dur铆simo enfrentamiento en la Junta. Fapel era la candidata de Videla y Mart铆nez de Hoz. Massera ten铆a otro candidato: el banquero Jos茅 Rafael Trozzo, due帽o del Banco de Intercambio Regional鈥. La ojeriza de Massera no traduc铆a antagonismo del r茅gimen, sino una querella por negocios. Los perros de la guerra no pensaban full time en el Occidente cristiano, tambi茅n en sus billeteras. A Fapel no le fue tan mal en esa interna de pequeros.

Se subraya: Seoane y Muleiro hablan de un hecho consabido, para nada inventado en las 煤ltimas semanas: fue la Junta la que 鈥渙freci贸鈥 la empresa a Fapel. Estaba hasta el tu茅tano en ese negocio, para nada privado.

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Otra distorsi贸n, especialmente perversa, es suponer que una v铆ctima del terrorismo de Estado recupera su libertad y su palabra no bien sale del campo de exterminio. O un tiempo determinado despu茅s. Papaleo de Graiver es puesta bajo sospecha porque no habl贸 antes. Se banalizan el temor y la minusval铆a impuestos por los represores. R铆os de tinta se han escrito sobre el tema, gente de la prensa deber铆a conocerlos.

Papaleo habl贸 cuando pudo dominar el miedo, cuando Christian Von Wernich y Miguel Etchecolatz, due帽os de su vida y de su cuerpo, fueron juzgados y condenados. Tambi茅n, m谩s vale, cuando supo que hab铆a un poder democr谩tico dispuesto a poner coto a la impunidad de los c贸mplices civiles de la dictadura. Ese periplo terrible merece comprensi贸n, contenci贸n y respeto.

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El oficialismo es apenas primera minor铆a en ambas C谩maras del Congreso. La oposici贸n puede parar o distorsionar su proyecto de ley, sobreactuando su subordinaci贸n a las corporaciones.

En Tribunales, la carga de la prueba pesa sobre quien pide la nulidad de un contrato o acusa a un presunto delincuente. Si la prueba no alcanza, se mantiene el statu quo previo o prima la presunci贸n de inocencia. No ser谩 sencillo conseguir sentencias favorables. No suele serlo en casos tan complejos con escasos precedentes, menos con magistrados conservadores en lo legal y de ordinario pro empresarios.

El kirchnerismo no es ingenuo, conoce esas perspectivas. Su opci贸n, para nada facilista, tambi茅n compite (de modo m谩s ventajoso) en otros escenarios. Interpela la opini贸n p煤blica, en defensa de los derechos humanos, de la b煤squeda de igualdad tanto como de verdad y justicia. En esos terrenos, seg煤n la mirada de este diario, tiene todas las de ganar. En buena ley.