Evita Vive. Por Federico Susbielles.

Llegó como de la nada, sin anunciarse. Como un relámpago, inesperada, luminosa en medio de la noche de un país con profundas desigualdades sociales. Compañera y soldado de Perón, pero también conductora. Piedra basal de un movimiento que vino a interpelar a los dueños de la Argentina, para construir una sociedad igualitaria e inclusiva.


La llamaron bastarda, oportunista, sectaria, puta. Nada la detuvo. Siempre tuvo claro lo que se discutía en la Argentina en esos tiempos y lo que ella significaba, tanto para la oligarquía como para “sus cabecitas negrasâ€. Y se hizo cargo de ello, con la claridad y la visión estratégica de un cuadro dirigente de un movimiento político que llegaba a cambiar la Argentina y con el fervor y la entrega física en la acción del más dedicado de los militantes de base.

Es una referencia obligada, aquí y en el mundo, de las políticas sociales inclusivas. Con su impronta la Argentina deja atrás la visión  de la beneficencia, de la dádiva de las clases acomodadas para con los  desprotegidos, para instalar el paradigma de los derechos de las personas, entendiendo que es un deber y una responsabilidad del Estado la búsqueda del bien común. Los desposeídos y las minorías encontraron en ella reconocimiento y reparación. Más allá de esta nota distintiva, circunscribirla sólo a esa esfera es no tener una visión acertada sobre su estatura política, ni sobre su rol en el peronismo.

Siempre tuvo claro que los derechos se ganan y se defienden en la calle, y que la organización política es esencial para sostener los proyectos inclusivos; sabía que el poder concentrado no iba a tolerar graciosamente el proceso de redistribución y conquista de derechos que expresaba aquel gobierno de Perón. Fue el vínculo, el motor  y el liderazgo para la organización de millones de trabajadores, sus descamisados, que pasaron a ser protagonistas centrales en la construcción y defensa del movimiento. Su desaparición física sin dudas dejó un gran vacío y fue fundamental para que los sectores oligárquicos cívico-militares interrumpan mediante el Golpe del 55 el proceso democrático, provocando el exilio del General y la proscripción del Movimiento.

Ella decía que quería rebelar a los pueblos, incendiarlos con el fuego de su corazón. Vaya que lo hizo, y lo sigue haciendo hasta nuestros días. Fue y es símbolo y bandera de los más humildes, también de los que entienden que el Estado debe estar siempre presente garantizando igualdad de oportunidades de desarrollo y derechos para cada uno de sus habitantes.  Está presente en cada lucha, en cada pelea, en cada reivindicación.

Nunca se fue. Vive. En este proceso de transformación que inició Néstor y hoy profundiza Cristina está presente. En la asignación universal, en los millones de pibes del conectar igualdad,  en la inversión educativa sin precedentes, en cada ama de casa que se pudo jubilar, en la ley de medios de la democracia, en la recuperación de nuestra soberanía energética, en la ley de matrimonio igualitario, y en cada conquista de este proyecto nacional y popular, Evita Vive.

Vive y vigila. Y su coraje y entrega exhortan a seguir adelante, a no renunciar en el esfuerzo, a no repetir errores del pasado y consolidar definitivamente el rumbo para lograr una patria con Justicia Social Plena. Estoy seguro que esta vez no le vamos a fallar.

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